Enclavado en el sur del oriente ecuatoriano, se encuentra un refugio natural donde se puede respirar con tranquilidad.
Gualaquiza, así se llama este cantón perteneciente a la provincia de Morona Santiago, es una ciudad pequeña, pujante, donde la modernidad y lo autóctono se abren paso conservando el mutuo respeto. Y es que, pese a los raudos cambios, se sigue observando la sincrónica vida del aborigen selvático.
Las manifestaciones artísticas siguen vivas, la tradición aún no ha sido asfixiada y puede con suma facilidad cohabitarse sin ningún peligro con los antiguos achuares. Estos milenarios nativos, con rasgos orientales y la amabilidad innata, recorren tranquilamente sus intrincados dominios.
Es encomiable el trabajo de un grupo de jóvenes empleados, que no siendo necesariamente oriundos desarrollan actividades de preservación y conservación. Consigues desarrollar en Gualaquiza actividades de canotaje, navegación en balsas o también realizar expediciones a la indomable selva oriental.
Logras cabalgar innumerables rutas, acampar cerca de los ríos o mecerte en las fibras flexibles de algún bejuco zigzagueante, puedes esperar la refrescante caída de la lluvia, o simplemente broncearte cual pétrea roca en las riveras del río Cuyes.
¿Imaginas comerte una rana? ¡Es simplemente deliciosa! Te los sirven bien doradas, el problema es que no saben adornarla, pues muchas veces te los sirven con arroz y menestras, indudablemente servido así le quita el carácter exótico. Unas ancas de rana servidas con ensalada de palmito, con rebanadas de aguacate y vinagreta de primera línea deben constituir una exquisitez para el paladar. Yo le llamaría ranas y naturaleza.
Si deseas escaparte de la rutina, enfúndate en una cómoda ropa y zassssss…. Dale realidad a tus sueños vive, convive y dibuja en tus recuerdos la mágica tradición de Gualaquiza.